A proposito de bankia...
¡Esta escena es real! Aún estoy explicando a mis hijas qué es un banco y de quién es el dinero que gestionan. Y que es un corralito... y que podría pasar.
Los niños viven con nosotros, nos oyen hablar, y son curiosos. La crisis les preocupa y no es para menos. Nosotros debemos filtrar todo y permitir que los niños sigan siendo niños... pero la calle murmura, protesta, grita y ellos ni son sordos ni tontos.
martes, 5 de junio de 2012
lunes, 23 de abril de 2012
FELIZ SANT JORDI 2012
- ¡Esta dieta vegetariana me deja sin ganas de hacer nada! Que tiempos aquellos cuando uno podia comer carne todos los dias... ¡Dichosa crisis!
¡¡FELIZ SANT JORDI 2012!!
¡¡FELIZ SANT JORDI 2012!!
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jueves, 8 de marzo de 2012
La mujer trabajadora...
Feliz día internacional de la MUJER TRABAJADORA. Tanto si trabaja en casa o fuera de su casa... o en casa y fuera de casa ¡Muchas felicidades a todas! Este 8 de marzo quiero dedicarlo especialmente a aquellas que están en PARO y desean encontrar un empleo. ¡Mucha suerte!
Por falta de tiempo y exceso de trabajo esta vez el dibujo lo he coloreado con el Paint ¡Ups!
domingo, 19 de febrero de 2012
Somos padres… ¿y responsables?
Vuelta al cole después de las vacaciones. La conversación en el coche de camino a la escuela empieza con un: -¡Niñas! ¿Habéis hecho TODOS los deberes?; “Fulanita” ¿Has estudiado para el examen de recuperación?
Y aquí es donde se confirma que el domingo que he pasado agobiada y la noche con una de mis pesadillas infantiles está fundada. Sus caras lo dicen… está claro… puedo leerles las expresiones como si de un libro abierto se tratara: NO, no lo han hecho todo. NO, “Fulanita” no ha estudiado todo lo que debiera.
Y la culpa será mía. ¡Encima será mía! ¡Me suspenderán a mí como madre! Aunque yo ya estudiara todo lo que me tocaba y encima ayudara a mis hermanos pequeños. Si he hecho el BUP tres veces, ¡por el amor de Dios!
Y empiezo a fustigarme con los auto-reproches. Y cuando en algún momento me da el arrebato y decido que el sistema no es correcto y que no debo vivir sus vidas, entonces, es cuando algún profesor o alguna madre que se me presenta como ejemplar (con uno o dos hijos y un trabajo de jornada reducida y que dicen haber renunciado a su propia vida por amor a su familia) me sueltan que debo ponerme codo con codo a estudiar con mis hijas.
¿Cómo puede una maestra decirme que el trabajo de una niña de primaria tiene faltas y que yo debería habérselas corregido? Es natural que tenga faltas porque está en primaria y aún está formándose. No es que no pueda hacerlo… leo dos libros (no manualillos o libritos) a la semana, por lo que un trabajo de la Edad Media de diez páginas manuscritas me lo trago en 15 minutos. Pero es que sinceramente creo que forma parte de su aprendizaje. Deben aprender a buscar la información, estructurarla, desarrollarla, citar las fuentes… etc. y también a presentarla y “corregirla”. Y eso, dictado y gestionado por mí como “directora de proyectos o de obras escolares” no tiene valor. Cuando nuestros hijos sacan un 10… ¿De quién es realmente la nota?
Aquí entramos en un terreno resbaladizo.
- Pensando positivamente llego a la conclusión de que no les damos la oportunidad real de equivocarse y por tanto de aprender. El sistema no tiene previsto que las personas puedan cometer errores (poder no da “derecho a cometer” y menos a “no pagar” por los errores). El sistema está más preocupado por la autoestima de los pequeños que por convertirlos en personas capaces, críticas con el entorno y consigo mismas. Personas responsables y maduras que puedan tener un buen concepto de sí mismas y seguridad y confianza en sus posibilidades.
- Si pienso mal, cosa que intento no hacer porque me parece insano, llego a la conclusión de que al profesor le falta interés y se ha vuelto perezoso. Como madre estoy obligada a asumir parte de su trabajo y le hago el trabajo sucio de corregir. Además les explico a mis hijas lo que deberían saber cubriendo sus carencias educativas. Si bien en la mayoría de ocasiones afortunadamente esto no se corresponde con la realidad también lamento deciros que ocasionalmente sucede.
Los niños poco aplicados, o desordenados, o que no entienden algunos conceptos a la primera, o que preguntan demasiado… dan trabajo y son incómodos así que se tiende a trasladar la responsabilidad a los padres. Yo puedo ayudar a estudiar un poema, ¡claro que puedo!, pero el poema debe llegar a casa. Si yo me comprometo a recitarlo solidariamente hasta el agotamiento (hasta que la niña lo sabe) necesito que en la clase alguien haga lo propio ayudándola y asegurándose de que me va a traer todo el material a mí. Si yo recito hasta la saciedad el dichoso poema, deseo que la maestra repita infinitamente cómo se despeja una incógnita de una ecuación hasta que todos los niños lo entiendan. Pero esto sólo es un compromiso y un mal apaño. Porque insisto, tanto los profesores como yo ya hemos estudiado lo que nos correspondía, y quien debe aprender ahora es el niño.
Así que del mismo modo que creo que no debo ser yo la que salga por primera vez al cine o a una discoteca, o la que reciba el primer beso del chico que le gusta, o la que se disfrace para el carnaval en el patio del colegio, tampoco creo que deba hacer los trabajos escolares o sufrir y recibir los reproches y las malas notas que en alguna ocasión mis hijas puedan tener. ¿O si?
Si yo he cumplido con mis deberes y ese día en el coche llevo preparados mis proyectos y las reuniones de las próximas semanas. Llego puntual, cumplo con mis objetivos y mi trabajo y con los deberes familiares... ¿Debo sentir directamente la presión y tener cuerpo de examen por cada uno de los retos de mis hijas? ¿Me convierte eso en mejor madre? ¿Ayuda realmente a mis hijas que yo asuma esa carga? El corazón y mi amor hacia ellas me dice que sí y hará que esté nerviosa cuando sepa que ellas lo están y me hará reír y llorar con ellas pero, ¿ser buena madre es vivir la vida de nuestros hijos?
martes, 27 de diciembre de 2011
Y llego la Navidad… y los regalos
Nuestros hijos están preparando la Carta a los Reyes Magos. En mi casa, la carta empieza con un “Queridos Reyes Magos, me llamo Alicia y este año he sido muy buena… me gustaría que me trajerais…” y aquí es donde antes empezaba una larga lista de trastos y cachivaches.
La sociedad consumista en la que vivimos nos lleva a todos (especialmente a los niños) a hacer una carta quilométrica, llena de cosas que creemos que nos hacen felices. Cosas que nos entran por los ojos, que los demás tienen o dicen tener, cosas destinadas a ocupar nuestro tiempo y espacio y a distraernos. ¡TANGIBLES! …que harán que la larguísima lista no comience con un “hacer que aquellos a los que quiero sean felices”, más aún, difícilmente lo pondrá ni tan siquiera al final.
Hace algunos años, avergonzados por tener que hacer varios viajes desde casa de los abuelos por la cantidad de juguetes que había, y viendo que se podían guardar la mitad hasta el verano y las niñas ni se enteraban… acordamos moderación y empezamos a cambiar aquello que estaba en nuestras manos. Ya sabemos que los Reyes “existen y son mágicos” pero deben alcanzar a todos. Y deberían poder dar algo más que muñecos, cocinitas, pelotas, coches y toda clase de cacharros electrónicos. Se decidió que los “Reyes” escogieran de la lista uno o dos presentes por niña y en fomentar aquellos regalos que permitieran que la familia jugara unida.
Como los “Reyes” hacen y deshacen a su antojo (como saben nuestras hijas), hemos convertido los regalos de cumpleaños (que están enteramente en nuestras manos como padres) en actividades. Así, el cumple de cada una de ellas nos lleva de excursión, al zoo, al Tibidabo… a donde se pueda; pero con la condición de que lo disfrutemos todos. Hemos cambiado regalos por convivencia… y cuando no se ha podido hacer algo “especial” pues la salida ha sido a pasear y tomar un helado.
Y empieza la crisis… que a nosotros nos ha pillado entrenados y convencidos…
Y en la parroquia te dicen que hay 60 familias que van cada semana a buscar la comida que necesitan para subsistir. Y te enteras de que tus amigos y conocidos no tienen trabajo, o cobran tarde… ¿Y yo voy a pedir un iPod?
Este año hay que dar una vuelta más de tuerca y, siguiendo las indicaciones de los que saben, y sabiendo que el 2012 será un año de recesión vamos a explicarles a las niñas que la carta debe ser generosa con todos. No basta con llevar al Cotolengo los juguetes y la ropa que no usamos. Este año en la carta deberá poner “la paz en el mundo” y “felicidad… amor, salud y trabajo para todos”. Deberemos ser egoístas con nosotros… Y generosos con los demás. ¡Y ya serán sus “Majestades” los que decidan a quiénes les dan qué, cuándo, dónde, cómo… y porqué! Este año más que nunca debemos apostar por lo que nos una a todos y lo que haga felices a los demás… ¡Vamos a pedir para otras familias y a ver que nos traen!
martes, 1 de noviembre de 2011
Las 10 reglas de oro para sobrevivir a una Gran Familia - Parte I
Siempre me he caracterizado por añadirme una carga extra a cualquier tarea o deber que tuviera que desempeñar. Así, si tocaba hacer 30 flexiones yo me autoimponía 35, siempre llevaba y traía todos los libros por temor a no tener todo el material (esto me destrozó la espalda), repetía los apuntes hasta dejarlos impecables, leía tres libros por semana cuando los demás necesitaban tres semanas para leer uno… toda la vida me he esforzado por destacar con el esfuerzo adicional que eso acarrea. En general es bueno superarse pero ha habido muchos momentos en los que me ha pesado –esto es una confesión en toda regla– y no he sido capaz o ya era demasiado tarde para tirar la toalla y abandonar la proeza. Ahora soy práctica y capaz.
Como no podía ser de otra manera… tengo más hijos que la media (afortunadamente no tengo ningún familiar directo de mi generación con más de cinco hijos…) Y como tampoco puede ser de otro modo, hay ocasiones en las que me pesa. No obstante, a diferencia de todo lo anterior, mi familia es lo mejor que me ha pasado en la vida. ¡Las adoro!
Para poder sobrellevar la carga que supone ser su madre cuento con un entrenamiento excepcional, con el gran amor que siento por ellas y con una serie de reglas de sentido común que me hacen la vida más fácil y que os quiero compartir. La mayoría son de manual pero intentaré trasladaros también algunos trucos que me permiten hacer varias cosas simultáneamente.Mis reglas básicas:
- Hay que compartir la responsabilidad y las tareas entre todos los adultos que conviven en la familia: el padre, la madre… los abuelos. Y digo “conviven” porque la unidad familiar está compuesta por todos los que viven bajo el mismo techo y debería ser autosuficiente. Contar con otros familiares o personas externos es de gran ayuda pero supone un riesgo. Lo ideal sería que cualquiera de los adultos fuera capaz de manejar la situación por sí solo de manera que, aunque acostumbren a haber roles asignados, todos saben hacer de todo. ¡Mucho más flexible! ¡Ideal cuando uno de los dos viaja!
- Es fundamental establecer una rutina que permita a los niños adelantarse al siguiente paso. De este modo no hay sorpresas y se pueden evitar con mayor facilidad disputas y peloteras cada vez que se debe iniciar algo. Todos somos, en cierta medida, reacios al cambio (por pereza, por cansancio, porque ahora estamos entretenidos…) y en especial los niños. Resulta mucho más fácil discutir quién es el primero en entrar en la bañera (lo que ya da por supuesto que hay que bañarse) que ponerse a razonar cada día si es conveniente o no hacerlo.
- Las tareas se pueden simultanear. Es importante pararse en algún momento a pensar cuáles y cuándo pero el ritmo del día a día nos da una pista. Si trabajamos fuera de casa, las obligaciones deben concentrarse en un espacio de tiempo más corto y esto resulta entonces vital. Recomiendo observar los tiempos que tardan las máquinas y acostumbrarse a no moverse de una habitación a otra con las manos vacías.
- Es imprescindible aprender a delegar y confiar en los pequeños. Aunque nosotros hagamos las cosas mejor y más rápido la participación de los hijos en el desempeño de algunas las tareas permite repartir la carga del hogar y les enseña a valorarlas y respetarlas. Pueden hacer las camas, poner la mesa, tender la ropa, dejar recogidas las estancias por las que pasan, ayudar a preparar las comidas, salir a comprar el pan… etc. ¡Son capaces!
Y algunos trucos:
- Cuando en alguna ocasión tengo a una niña en la bañera y no me queda más remedio que hacer al mismo tiempo otra cosa (vestir a las demás, asegurarme de que no se quema la cena, poner tiritas a una niña que se ha cortado con el filo del papel…) la hago cantar. En caso de que dejara de cantar me pegaría una carrera hasta el baño. Nunca ha pasado.
- Hacer que los niños hagan los deberes juntos crea un buen ambiente de estudio, favorece la colaboración entre ellos y permite que podamos atenderlos a todos mientras realizamos alguna tarea en la misma sala. Yo suelo trabajar con el ordenador, leer o doblar ropa y contesto a las preguntas después de preguntar a los demás… así hago que las mayores piensen y refresquen conocimientos de cursos anteriores.
- Tengo dos estantes llenos de todo tipo de material escolar básico para los imprevistos. Cartulinas, papeles de colores, etc. Aprovecho ofertas de las grandes superficies y lo voy reponiendo a medida que lo usan.
- En la nevera tengo esquemas con los horarios y las actividades extra-escolares. Piscinas, chándales… etc. Con los años he reservado unos cajones que tienen los bañadores, toallas, gorros, chándales y varios para todas. Así si en alguna ocasión no está aún limpio algo pueden usar la pieza de alguna de las hermanas que se ajuste lo suficiente.
- Dado que en el fin de semana tenemos más tiempo, aprovechamos para atenderlas especialmente. Suelo lavarles yo la cabeza a todas, les corto las uñas, repaso el pelo, busco piojos… y les pongo crema hidratante. Al hacerles el masaje con la crema tengo la oportunidad de dedicarles un tiempo de mimos y “cuento pupas”. Es una forma de ver que están bien y sanas. Mi marido suele jugar con las demás mientras tanto.
- Cada día alguno de nosotros es el protagonista del día. Así intentamos garantizar que, a lo largo de la semana, todos recibimos el cariño de todos. Ese día, durante un rato, tocan caricias en el pelo sentados en el sofá y mimos, algún cuento… etc.
… Continuará…
martes, 25 de octubre de 2011
¡Cuando los profesores imponen sus propios limites! Un sistema imperfecto...
Es frecuente que nuestros hijos nos puedan explicar anécdotas de lo más variopinto que les suceden a lo largo del día. En ocasiones, como madre, me hierve la sangre cuando me entero de que se ha producido una injusticia y de que mis hijos no han sido capaces de “luchar” o argumentar como adultos lo que viven como niños. Siempre, en primera instancia, evito desautorizar al profesor… la verdad suele estar a mitad de camino de ambos y en cualquier caso es un adulto formado en quien confío. En cualquier caso, mi respuesta a mis hijos suele ser algo similar a: habla con más calma del tema con el profesor o escríbele una nota.
Escribir una nota les permite sintetizar y formalizar su pensamiento y les proporciona el tiempo suficiente para poderse explicar sin interrupciones. No olvidemos que son niños y que les podemos hacer perder el hilo de cualquier exposición con mayor facilidad. Los podemos “despistar” y desenfocar con facilidad. Escribiendo son atendidos hasta el último “punto y final”. Además al escribir será más difícil que puedan incurrir en alguna falta de comunicación o que puedan utilizar palabras malsonantes… ¡Es más formal!
No soy una niña pero… En este caso, el esfuerzo deberé hacerlo yo, dado que se me han ocurrido un montón de barbaridades al enterarme de que un profesor ha dicho en clase que él nunca pone un 10 (escala de calificación escolar habitual y que se utiliza en todo el resto de colegio) dado que considera que “la perfección no existe”. Pobres Dalí, Picasso, Rembrant… Leonardo DaVinci. No quiero ni pensar cómo se lo iban a tomar los filósofos como eternos buscadores de la verdad… o los “exactos” matemáticos… Los físicos lo encajarían mejor con un “todo es relativo: su 9 es mi 10”.Se me ocurren un montón de argumentos por los que el profesor debería replantearse esta “mágica regla” autoimpuesta. Sólo os traslado los tres más importantes:
- Si bien la perfección no existe (y sólo se le atribuye a Dios) entiendo que si puede puntuarse con la máxima calificación un trabajo. Deduzco que un bien merecido 10 vendrá establecido por un conjunto de factores que se valorarán tales como la realización del ejercicio, presentación del mismo, su entrega en el plazo estipulado, etc. y que han resultado ser “excelentes”.
- Es importante que el maestro tenga en cuenta que, si bien los niños deben aprender a aceptar sus errores y la derrota cuando no hacen bien las cosas (no hay medalla para el cuarto en una carrera), es muy importante premiarles y reconocerles el esfuerzo plenamente. En última instancia… si nunca van a poder alcanzar el deseado 10 ¿para qué esforzarse al máximo? Deseamos que nuestros hijos sean los mejores y se esfuercen cada día por hacer las cosas mejor pero aún no tienen la madurez necesaria como para “palmearse” ellos solitos por sus logros. Solo falta que sientan el peso de la injusticia que se cierne sobre ellos porque hay alguien que no quiere valorar por principios su “excelente” desempeño. En una carrera: este profesor no hará medallas para el primer premio, ¿o si?
- Su nota, la nota de su asignatura, cuenta en el promedio de todo el resto de las calificaciones que el niño obtiene a lo largo del curso. Por poco que pueda parecer, promediar con un 9 ó un 10 puede hacer no sólo que el niño tenga una mejor nota de curso sino incluso que pueda superarlo (no es lo mismo un 4,5 que un 5). Llegados a este punto, si al final el profesor votara a favor para darle un empujoncito reconociendo que era un alumno de 10 en su asignatura y así aprobarlo, no me parecería justo. Sería discriminatorio con el resto. No hay que enmendar lo que no se hace mal.
Una cosa es indudable… la perfección no existe lo que queda patente en el momento en que un maestro, unilateralmente y al margen del sistema educativo decide aplicar su propio “librillo” y se saca de la manga una norma que únicamente puede conformar a los mediocres.Si mi hija es excelente… ¡Por favor! Pónganle el 10 que se merece.
Mientras tanto y con el permiso de todos… creo que en una escala del 0 al 10… ¡al maestro lo voy a suspender!
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