Nuestros hijos están preparando la Carta a los Reyes Magos. En mi casa, la carta empieza con un “Queridos Reyes Magos, me llamo Alicia y este año he sido muy buena… me gustaría que me trajerais…” y aquí es donde antes empezaba una larga lista de trastos y cachivaches.
La sociedad consumista en la que vivimos nos lleva a todos (especialmente a los niños) a hacer una carta quilométrica, llena de cosas que creemos que nos hacen felices. Cosas que nos entran por los ojos, que los demás tienen o dicen tener, cosas destinadas a ocupar nuestro tiempo y espacio y a distraernos. ¡TANGIBLES! …que harán que la larguísima lista no comience con un “hacer que aquellos a los que quiero sean felices”, más aún, difícilmente lo pondrá ni tan siquiera al final.
Hace algunos años, avergonzados por tener que hacer varios viajes desde casa de los abuelos por la cantidad de juguetes que había, y viendo que se podían guardar la mitad hasta el verano y las niñas ni se enteraban… acordamos moderación y empezamos a cambiar aquello que estaba en nuestras manos. Ya sabemos que los Reyes “existen y son mágicos” pero deben alcanzar a todos. Y deberían poder dar algo más que muñecos, cocinitas, pelotas, coches y toda clase de cacharros electrónicos. Se decidió que los “Reyes” escogieran de la lista uno o dos presentes por niña y en fomentar aquellos regalos que permitieran que la familia jugara unida.
Como los “Reyes” hacen y deshacen a su antojo (como saben nuestras hijas), hemos convertido los regalos de cumpleaños (que están enteramente en nuestras manos como padres) en actividades. Así, el cumple de cada una de ellas nos lleva de excursión, al zoo, al Tibidabo… a donde se pueda; pero con la condición de que lo disfrutemos todos. Hemos cambiado regalos por convivencia… y cuando no se ha podido hacer algo “especial” pues la salida ha sido a pasear y tomar un helado.
Y empieza la crisis… que a nosotros nos ha pillado entrenados y convencidos…
Y en la parroquia te dicen que hay 60 familias que van cada semana a buscar la comida que necesitan para subsistir. Y te enteras de que tus amigos y conocidos no tienen trabajo, o cobran tarde… ¿Y yo voy a pedir un iPod?
Este año hay que dar una vuelta más de tuerca y, siguiendo las indicaciones de los que saben, y sabiendo que el 2012 será un año de recesión vamos a explicarles a las niñas que la carta debe ser generosa con todos. No basta con llevar al Cotolengo los juguetes y la ropa que no usamos. Este año en la carta deberá poner “la paz en el mundo” y “felicidad… amor, salud y trabajo para todos”. Deberemos ser egoístas con nosotros… Y generosos con los demás. ¡Y ya serán sus “Majestades” los que decidan a quiénes les dan qué, cuándo, dónde, cómo… y porqué! Este año más que nunca debemos apostar por lo que nos una a todos y lo que haga felices a los demás… ¡Vamos a pedir para otras familias y a ver que nos traen!

Valores
ResponderEliminarUna de las cosas para las que va a servir esta crisis, es para realzar valores olvidados frente a la fiebre consumista en la que hemos participado en tiempos de bonanza.
En nuestro caso, ya nos habíamos anticipado: éste es nuestro tercer año redactando, junto a nuestro hijo mayor, la carta a los Reyes Magos. El primer año no cuenta: era muy pequeño.
Él no sabe escribir y no sabe qué pedir. Nunca le hemos damos un catálogo. No le damos una lista de juguetes. Nunca le preguntamos, viendo anuncios, qué juguete le gustaría tener. Ni para Reyes ni para cumpleaños.
Nuestro sistema ha sido, y volverá a ser este año, tanto al redactar juntos su carta como la que redactamos para nosotros los papis, comenzar pidiendo cosas buenas para todos: salud para toda la familia, trabajo para papá y mamá, comida, paz y cordura para todo el mundo... y sólo al final de la carta, les proponemos a los Reyes que, si pueden, nos traigan un entretenimiento.
Y nunca será un videojuego, ni un capricho caro. A mi pequeño le proponemos pedir pinturas, libros con pegatinas, una pelota, algún coche de juguete...
A la familia de ambas partes, les rogamos que pidan a los Reyes un solo regalo por familia (incluye abuelos y titos), y que cumpla las condiciones, debe ser algo sencillo. Es algo a lo que les hemos “educado” desde que se dio la primera ocasión en el primer cumpleaños del peque.
Está en nuestras manos que nuestros descendientes vivan desde pequeños los buenos valores; cada cual entenderá a su manera este concepto. Y por mucho que culpemos a la sociedad, a la cultura, al entorno de cómo crecen nuestros hijos, siempre tendremos en nuestras manos el poder de aportar algo a su cultura y a sus valores.
Me ha pasado alguna vez, que he sido de los primeros en adoptar una postura a contrapié del resto de la gente/sociedad. Cuando haces eso te conviertes en una especie de mártir pues te pasa de todo lo relacionado con la falta de entendimiento por parte de los demás. Tienes que romper barreras y a veces no lo consigues porque la gente no está dispuesta a seguirte, pues seguirte supone el riesgo de equivocarse y tener que comenzar de nuevo. En el caso de lanzar algo revolucionariamente nuevo al mercado, lo que te sucede es que tienes que contar con un largo periodo de inserción/implantación y si no estás dispuesto a ello puedes fracasar. He pasado por ambas cosas.
ResponderEliminarLa cuestión es que son nuestros hijos los que se enfrentan a la incomprensión y a los comentarios a veces estúpidos que puedan recibir de otras personas. Acaban siendo los raros del grupo. Porque son los únicos que no tienen móvil, o los únicos que no llevan una cartera de marca al cole, o lo que sea. Ellos deben estar preparados para estas cosas. Tienen que saberlo para tener cierto grado de inmunidad.
Se puede resumir diciendo, como dijo Leopoldo Abadía hace algunos días en un congreso de familias numerosas, "En lugar de decir - ¿Que futuro les dejamos a nuestros hijos?- deberíamos decir -¿Qué hijos dejamos para el futuro?" Y esos hijos los tenemos que educar ahora.