La historia que ahora os voy a contar es real y supuso un cambio importante en mi forma de estudiar y de plantear razonamientos. De enfrentarme a los problemas…
Siempre he sido una estudiante correcta (habitualmente con una media de Notable). Cuando llegue a 2º (o 3º) de BUP y estudiando Ciencias Puras, tropecé con M.A. Era una mujer pausada y rigurosa que nos impartía Filosofía y aprendí mucho de ella…
Los primeros dos trimestres y con una trayectoria general bastante correcta me suspendió con un “Muy Deficiente” 1T y posteriormente con un “Insuficiente” 2T. Para mí fue una gran decepción porque había estudiado en ambos casos y, especialmente, en el segundo.
Desesperada porque no era capaz de remontar la asignatura y viendo que iba a suspender el curso decidí solicitarle una entrevista para justificarme y decirle que estudiaba y para que me explicara qué debía hacer para aprobar su asignatura.
Su respuesta fue que, efectivamente, ella ya veía que yo estudiaba y que además me había esforzado pero que ella pretendía que fuéramos más allá. Su interés era que nos imbuyéramos en la propia asignatura hasta el punto de asimilar y replicar su forma de hacer. Es decir, deseaba que fuéramos críticos y filósofos en prácticas. Que nos aventuráramos a opinar sinceramente (a riesgo de emitir una opinión en contra de lo que ella o la mayoría pensaban) apoyándonos en todo lo aprendido durante el curso. Mencionando pensamientos y filosofías de los ilustrados… etc. Al entenderlo se me abrió el cielo… ¡Por fin sabía lo que debía hacer para aprobar!
El tercer trimestre conseguí un Notable (aspirando únicamente a aprobar) y recuperé y aprobé el curso con un promedio de Bien. Posteriormente en selectividad conseguí un 9,8…
Me enseño a pensar y razonar. A exponer de forma ordenada y respaldada las opiniones que tenía… a estudiar de un modo aplicado y creativo.
Cuando a mis hijas se les “atraganta” una asignatura les pregunto: -¿Qué espera tu profesora que hagas para aprobar? Y siempre me contestan: -Pues que estudie… (Y me pregunto: ¿Seguro? ¿Sólo eso? ¿Empollar, vomitar y olvidar?)
¿Tienen claro nuestros hijos lo que se espera de ellos? ¿Enseñamos a nuestros hijos a pensar y expresarse… a opinar? Y cuando no atinan con algo… ¿Les animamos a informarse y hablar para averiguar el: cómo, porqué, cuándo… etc.?


No hay comentarios:
Publicar un comentario